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SALUD

CÓMO VENCER LA DEPRESIÓN

En el Jardín de las Tullerías en París, se halla la estatua de una mujer, probablemente una bailarina, cuya cara cubierta por una máscara, vista de frente y a una cierta distancia, deja ver una sonrisa, pero a medida que uno se aproxima y la mira más de cerca, principalmente de un lado, se descubre en las facciones hábilmente trazadas por el artista, una gran angustia como originada por algún dolor escondido. La mujer representada, quería sin duda, dada su profesión, mostrar al público una cara sonriente, pero en realidad estaba consumida por un profundo dolor interior.

Tal es la condición de esta humanidad. La angustia y la depresión es el manto de oscuridad, la niebla gris que afecta a millones de personas. Algunos no saben ni siquiera por qué se sienten inquietos, aburridos, ausentes y que nada los entusiasma. Muchos terminan en la desesperación y el suicidio. No comprenden el origen ni la naturaleza de su mal. A menudo tampoco los entienden sus familiares y los culpan de mañosos o maniáticos. Suelen tener fuertes sentimientos de culpa y frecuentemente se angustian por actos errados cometidos hace muchos años atrás. La autoestima se derrumba y a menudo tienen un inadecuado concepto de sí mismos. Se repiten en la persona períodos de tristeza y episodios depresivos que disminuyen el apetito y no le sienten sabor a la comida o simplemente se sienten con desgano. Cambian los hábitos de dormir, se despiertan a medianoche y ya no pueden conciliar el sueño. En pocos casos las personas deprimidas logran dormir bien. Disminuye el interés sexual, tienen ganas de llorar a menudo sin aparente razón. A veces tratan de sonreír por fuera pero les sucede como le pasó a David: “Fueron mis lágrimas mi pan, de día y de noche...” “Mi corazón esta dolorido dentro de mí y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí y terror me ha cubierto” (Salmos 42:3; 55:4-5).

 Hay solución para este mal que ataca a millones de personas y es la que David escogió para su caso. Este rey clamó a Dios pidiéndole: “Conforta mi alma” (Salmos 23:3). Después de confesarle sus pecados al Señor, le suplica “Devuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente” (Salmos 51:12), o sea, él deseaba fe y tener la seguridad de la aceptación y el perdón de Dios. Así como este rey de Israel obtuvo alivio y ayuda, Dios quiere ayudar a cada persona que en su necesidad acude a él.

Un caso de depresión se encuentra registrado en la Biblia –en el Antiguo Testamento– 1 Samuel 1:2-20. Se trata de la historia de Ana. En su hogar había peleas constantes. Una mujer llamada Penina se burlaba de ella porque no tenía hijos, y era constante blanco de provocaciones. Ser estéril era un asunto muy grave en la cultura de Israel. Las preguntas que le hace el esposo muestran los síntomas comunes de depresión:  “¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por qué está triste tu corazón?” (1 Samuel 1:8).

Elcana, el esposo, no actuó del modo más sabio con la depresión de su esposa. En su amor, trató de ayudarla pero erró al insistir que explique sus reacciones y la empeoró al decir “¿No soy yo mejor que diez hijos?” Así sucede a menudo en los actores principales de muchos casos de depresión.

Job, por medio de la pérdida y de la enfermedad que amenazaba su vida había caído en una gran depresión. Dios utilizó esta depresión para elevar a Job a un nuevo escalón de fe. Al terminar las circunstancias y luego de un encuentro personal con Dios terminó la depresión.

 

Causas de la depresión

 Pueden venir desde la infancia. La continua crítica, censura o crueldad de los padres, la falta de motivación o elogios a los hijos por las pequeñas victorias, el no dedicar tiempo y el descuido son a menudo las raíces de futuras depresiones. Con el correr de los años, el niño considera mínimo su valor personal y cree que su vida son solo fracasos.  A menudo la persona es inconsciente de los sentimientos hostiles que abriga.

Aparte de las experiencias en la infancia, pueden haber sucesos y factores que provocan mucha ansiedad, especialmente cuando no estamos preparados espiritualmente para enfrentarlos. Pueden ser dificultades conyugales, un gran revés financiero, la pérdida de un ser querido, ya sea por la muerte o por el divorcio, o un pecado grave cometido que pesa sobre la conciencia. En vez de buscar la ayuda y el perdón en Dios, la persona insegura no logra confiar en el perdón divino y le es imposible dejar de pensar en sus malas acciones.

 

Causas físicas

Enfermedades prolongadas pueden contribuir a la depresión: Epilepsia, hiperactividad, cambios en la química de la sangre, disfunción de la glándula tiroides, menopausia o cambios cerebrales en personas de más edad. Debe hacerse un chequeo, pero el médico que trata estos casos no debe disfrazar los síntomas, sino luchar con las causas básicas de la depresión. En pocos casos proviene por  causas físicas, mayormente es por causas espirituales.

“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo” (Salmos 31:9).

 La ciencia ha demostrado la influencia de nuestros pensamientos y hace más de 2900 años ya decía la Bibia: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22).

Tratamiento para la depresión

La recuperación de la depresión no es algo que se logra de la noche a la mañana. Tiene su tiempo y requiere esfuerzo, aunque el enfermo desea estar libre rápidamente y gozar del dulce sentimiento de libertad y estabilidad emocional.

 

1.  Es muy recomendable un chequeo de su estado de salud.

Consulta a tu médico. El hecho de saber que esa presión del pecho no es un problema cardíaco, ni la pérdida de peso o sueño, así como los dolores de cabeza no son síntomas de una enfermedad más grave, es motivo de cierta tranquilidad. El saber que hay solución y que son síntomas de un problema pasajero alivia mucha preocupación innecesaria.

 

2.  Busca ayuda en un consejero cristiano con experiencia en estos temas.

Podrás llegar a sentir que ese orientador es la primera persona que realmente te comprende y se interesa por tu bienestar. Te hará reflexionar en el significado de expresiones tales como: “No estás solo en tus sufrimientos”, “Dios te ama y no te dejará solo” o “Nuestro Señor Jesucristo no sólo cargó tus pecados, sino también tus penas y aflicciones”. Puedes comunicarte con la dirección que está al final y te pondremos en contacto con alguien que pueda ayudarte.

 

3.  Debes superar el sentimiento de culpa.

Hay dos clases:

La culpa real: es cuando el poder del Espíritu Santo convence de haber transgredido las leyes de Dios.

La culpa ficticia: es provocada por un sentimiento de indignidad y pecaminosidad que surge de experiencias traumáticas vividas en la niñez.

 Cuando la culpa es real, la mejor ayuda estará en conocer las promesas de Dios. La Biblia contiene un hermoso mensaje de amor y de perdón.

 Veamos solamente algunos pasajes: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” Miqueas 7:18-19. (Lee también Salmos 103:12 y 1 Juan 1:9).

 En Isaías 43:25 dice: “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”.

 

4.  Un concepto correcto sobre el amor.

Muchos creen que el amor es condicional. Cuando eran niños les hacían ver que solo cuando hacían caso a algo que se les mandara, eran dignos del amor. Cuando adultos, creen que siempre deben hacer algo para merecer el amor y el perdón de Dios.

 Cuando somos declarados justos, o sea, perdonados, por medio de la fe podemos confiar plenamente y tener la certeza de su amor. Cuando llegues a comprender las experiencias que te llevaron a sentirte así, a conocer la naturaleza del amor de Dios por medio de la lectura de la Biblia, a aceptar que Dios te considera una persona importante y que eres objeto de su amor, entonces has logrado bastante en el camino de la paz y del restablecimiento. Luego sentirás el deseo de obedecer por amor a ese Dios que has llegado a amar.

 Dios tiene la solución para toda alma deprimida. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, Yo os haré descansar... aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:28-29

 El apóstol Pedro dice “Poned toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” 1 Pedro 5:7.

 

5.  La oración es el medio que Dios nos da...

 ...para contarle todos nuestros problemas, descargar nuestra ansiedad, deponer nuestros cargas sobre él y luego confiar en que él actuará según su voluntad. Es como hablarle a un amigo.

 Mantén una relación con Dios diariamente. Lee la Biblia cada día, aunque sea en pequeñas porciones. Pueden ser de los salmos o de los evangelios, intercalados con oración. La Palabra de Dios tiene un poder curativo sobre el alma. Si tienes problemas para entenderla solicita el curso “A los pies de Jesús” totalmente gratis a la dirección que figura al final.

6.  Sé agradecido.

Aunque sientas que la vida no tiene significado para ti, si te sientes miserable y sin esperanza, debes creer que Dios te ama y agradecerle que tu nombre está escrito en el libro de la vida y que eres considerado un hijo de Dios. El apóstol Pablo dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios...” (1 Tesalonicenses 5:18). Tenemos muchos motivos para agradecer. Aun la adversidad nos da lecciones valiosas.

 Reclama la ayuda del Espíritu Santo. Dios provee ayuda a la persona que sufre de depresión. Basta que reclames con fe la promesa de Dios.

 

7.  Educa tu mente al pensamiento positivo.

Acepta la realidad de tu depresión, pero rechaza todo pensamiento de autocondenación y vergüenza. Imagínate ya repuesto, feliz y libre de los sentimientos deprimentes, libre de este mal y actuando en forma normal. Es un ejercicio que cuesta bastante esfuerzo realizar, pero es de gran utilidad. Sé consciente que ves las cosas más negativas de lo que son en realidad, porque las ves por el lente de la depresión.

 

8.  Cuida tu cuerpo.

Descansa lo suficiente. Quizás necesites algo que te ayude a dormir. Puede ser un té de Valeriana o algo similar para descansar y recuperarte. Si es posible, evita drogas fuertes que intoxican.

 Al despertar por la mañana es bueno hacer una frotación de agua fría, pues es tonificante para el sistema nervioso. A la noche toma un baño tibio, relájate, lee tu Biblia y duerme temprano. Haz ejercicios respiratorios profundos. Es conveniente comer cereales integrales. Utilizar germen de trigo, levadura de cerveza en polvo y lecitina de soja. Son útiles los suplementos vitamínicos y minerales especialmente el magnesio.

 

9.  Busca alguien a quien puedas ayudar.

Con razón dice el apóstol: “Mas bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Escribe una carta a alguien que se siente solo. Lleva a pasear a algún anciano. Preséntate como voluntario en la iglesia, hospital o guardería. Comparte los trabajos de casa, ayuda a tu familia, quizás en algo simple.

 

10. Solicita ayuda.

Posiblemente has luchado hace tiempo sin resultado. Confía tus problemas a un amigo o miembro de tu familia en quien puedas confiar. Si no saben cómo ayudarte, habla con un pastor, consejero creyente o un psiquiatra o psicólogo cristiano. Para recibir ayuda duradera debe ser basada en principios bíblicos. La ayuda Divina es duradera (Salmos 1:2-3).

Estos sencillos consejos han ayudado a muchos. Dale tiempo a las cosas espirituales y deja que Jesús entre en tu vida, aprovecha la serie de temas que te ofrecemos a continuación.

Guía de investigación bíblica: “A los pies de Jesús”.

Te abrirá un panorama de conocimientos valiosos que te ayudará a rastrear el pasado para entender el presente y descifrar el futuro mediante fascinantes profecías.

 

 

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